
Mucho antes de que fueran juzgados por un tribunal parcializado totalmente, los medios lo anunciaban como espías cubanos y conocemos las sanciones desmedidas, nunca antes aplicadas, por cargos que incluso no fueron probados.
El mundo conoce que los cinco eran luchadores contra el terrorismo, que alertaban a su patria de acciones asesinas de grupos extremistas que operan abiertamente en la Florida y en múltiples ocasiones previnieron acciones contra el propio pueblo norteamericano. Ellos son héroes no sólo de Cuba, los son también de todo el mundo y especialmente del pueblo norteamericano.
Ningún ser humano, independientemente de su ideología puede entender que terroristas como Orlando Boch y Luis Posada Carriles estén paseando por las calles de Miami y nuestros héroes estén aun prisioneros. Realmente son prisioneros políticos, se han ensañado con ellos, al no poder doblegar a este pueblo en más de 50 años de Revolución. A ellos tampoco los podrán doblegar pues son hijos de nuestro pueblo, pero doce años es demasiado tiempo para admitir tamaña injusticia.
Recientemente nuestro gobierno y pueblo dieron muestras de humanismo y tolerancia al poner en libertad a un grupo de disidentes, que se encontraban desde hace algunos años en prisión por haber cometido delitos, la mayoría comunes en contra de la seguridad de nuestro pueblo. En diálogo franco y abierto con la iglesia católica se comenzaron a liberar y más de 30 de ellos con sus familiares fueron autorizados a viajar a España. Nuevamente la Revolución fuerte y digna acaba de hacer un gesto humanitario.
El Presidente Obama, que sabe la injusticia que heredó en este caso, puede y debe liberar a los cinco, en primer lugar porque son inocentes y sobre todo porque son héroes también del noble pueblo norteamericano. Debe demostrar que es un verdadero premio Nobel. El señor Presidente debe oír a la opinión pública y a todos los ciudadanos honestos de este mundo, que reclaman libertad para los cinco y alejarse de los intereses mezquinos de la mafia cubano-americana, que está llena de odio hacia la patria de sus ancestros.(Santiago Lajes Choy)
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