viernes, 18 de septiembre de 2009

Ómnibus Nacionales: Ni un boleto más para la impunidad

Pastor Batista Valdés

Cuando el pasado 10 de abril Granma publicó el trabajo Que las indisciplinas no opaquen a ASTRO, miles de lectores imaginaron dos cosas: que a esta altura habrían sido resueltas numerosas negligencias en la calidad del servicio y que, en consecuencia, disminuirían las quejas de la población.

Foto del autorLo correcto es que al llegar al andén cada ómnibus reporte todas las capacidades que trae, pero… ¿sucede siempre así?

Directivos de ese grupo empresarial anunciaron entonces "una ofensiva en el tema de la calidad, donde lo que más incide es el factor humano", ya que "el principal problema es la profesionalidad de la tripulación y del personal de contacto con el cliente".

Aquel material relacionaba irregularidades como el desvío de rutas, recogida de personas en lugares no establecidos, cobro arbitrario de pasajes, pasajeros de pie, traslado de paquetes y bultos sin tiques de embarque...

El asunto, "más delicado de lo que nosotros mismos pensamos", según admiten hoy conductores de Ómnibus Nacionales, no reposa olvidado en una carpeta o buró.

Indisciplinados, responsables, descuidados y hasta oportunistas empiezan a preocuparse desde que echó a andar en todo el país un proceso que estremece cimientos con el propósito de "rescatar la ética de los choferes sobre la base del cumplimiento estricto del deber".

El ingeniero Roberto Ricardo Marrero, actual director general, explica que en una primera etapa esa ofensiva incluyó reunión con todos los conductores en cada territorio; luego, otra del Director General, también provincia por provincia, para intercambiar con un selecto grupo de choferes, representantes del sindicato, organizaciones políticas y diputados del Parlamento, como antesala de un encuentro final en el Ministerio de Transporte, donde serán presentados los compromisos y el sistema de trabajo para restituir la ética y la disciplina.

DE TODO COMO EN BOTICA

Si un mérito han tenido los contactos de base es su transparencia para que los conductores de ómnibus (blanco directo de quejas, críticas e insatisfacciones por parte de la población) expresen sus puntos de vista.

Ese estilo ha develado un rosario de planteamientos en torno a insuficiencias que, en opinión de los reunidos, gravitan sobre la calidad del servicio en el transporte nacional por ómnibus.

Entre los más recurrentes están la falta de organización y de control para la reposición de piezas y agregados averiados, vicisitudes para el fregado de los carros, malas condiciones de alojamiento y alimentación al llegar a la capital, deficiente calidad del vestuario reglamentado, exagerado asedio e irrespeto por parte de algunos inspectores, insuficiente salario¼

El zumo de los debates, sin embargo, no ha estado en esas formulaciones. Al menos en el intercambio con la Dirección General prevalecen puntos de vista como el expresado por el tunero Omar Peña:

"Nada de eso nos da derecho a cometer indisciplinas. Tenemos problemas; lo sabemos todos, pero podemos y debemos resolverlos; llegó la hora de ponerle fin a la actitud de quienes maltratan a la población o no ofrecen el servicio que necesitan y merecen nuestros pasajeros".

Y tiene razón. ¿Qué sucedería si médicos, maestros y otros profesionales afectados también por vicisitudes similares, escaseces y hasta incomprensiones, comenzaran a violar impunemente su ética y a sacar provecho de las personas necesitadas con quienes interactúan cada día?

"No venimos a justificar nada —afirma tajantemente Salvador Viraña, también conductor de ómnibus Yutong—; hay que acabar de enjaular la tiñosa de una vez y por todas. Aquí todo el mundo sabe que quien no pica boletín, además de cometer una indisciplina, está estafando al Estado y eso no debe permitirse administrativa ni penalmente".

ATACAR LOS ERRORES YA

La realidad aconseja actuar de modo resuelto e inteligente. Irritación en las terminales, quejas, llamadas a sedes del Partido, Gobierno y medios de prensa demuestran que, aun en medio de este oportuno proceso, el verano no se vio despojado de violaciones.

Así lo reconoció a finales de agosto Norge Casas, inspector de Transporte en Camagüey, quien considera que el enfrentamiento a tales indisciplinas requiere de una acción sólida y conjunta, incluidos ciertos pasajeros que muchas veces salen en defensa del mismo chofer que violando lo establecido, se aprovecha de ellos y perjudica al Estado.

Solo así podrán acorralarse actitudes como las del conductor que el 11 de agosto le exigió 250 pesos en la autopista a Robin Batista (La Habana) cuyo suegro había fallecido en Las Tunas; otro que en pleno andén capitalino quiso "persuadir" a Alexander García para disponer del asiento y "buscar unos pesitos en el camino"; o aquel chofer santiaguero que frente a Idelbis Martínez recogió fuera de lista de espera en Sancti Spíritus (29 de agosto).

Además de las afectaciones para el servicio, preocupa que en medio de esa impunidad empleados de taquilla como María Eugenia Esquivel (Guáimaro) acepten tranquilamente que "muchas veces las guaguas paran y recogen pasajeros un poco más allá y no aquí en la terminal", o que jefes de turno, como José Luis Jiménez, asocien casi siempre esa práctica a ómnibus fletados por organismos y no a los de turno, cuando en verdad también estos han sido actores de la retorcida experiencia.

Acerca de esas y otras indisciplinas tienen conocimiento la máxima dirección de Ómnibus Nacionales y el Ministerio de Transporte. No por casualidad más de 300 choferes han sido separados durante los últimos meses. Pero como afirma Roberto Ricardo (recordando las enseñanzas del Che) "el objetivo es matar a los errores, no a los hombres que los cometen. Y lo cierto es que la responsabilidad de todas esas irregularidades es de los jefes, por no tener control sobre los ómnibus ni exigir que se cumpla lo establecido.

"En esencia, este es un asunto de capital humano. Casi nada de lo que hemos analizado depende del bloqueo o de recursos. Predomina lo subjetivo, la falta de organización y de rigor. Por eso estamos hablando de establecer definitivamente un sistema de trabajo para revertir la situación en el menor tiempo posible.

POR ENCIMA DEL PUEBLO, ¡NADIE!

Lo indiscutible es que el tremendo empeño que destinó la economía de este país para adquirir más de 1 000 ómnibus Yutong, junto a otros aseguramientos, no puede tener otra respuesta que un salto en el comportamiento cuantitativo y cualitativo del servicio al pueblo.

Más allá de los mecanismos de exigencia, inspección y control, tiene que llegar también el momento en que quien se sienta agradecido no sea el pasajero que es recogido, sube al ómnibus, ocupa un asiento y recibe su boletín picado, sino al revés: quien dé gracias sea ese conductor que hoy ve tal procedimiento como "un favor" de él hacia el cliente y filón para "engordar" el bolsillo.

Por eso las sugerencias de Salvador Viraña resaltan entre los apuntes del encuentro tunero. Partidario de eliminar formas de pago que nada han resuelto, él prefiere ideas concretas que de verdad motiven y obliguen a trabajar.

"Tal vez baste —opina— con dejar el salario básico y fijar un pequeño por ciento en correspondencia con la recaudación y vinculado a requisitos como la higiene y cuidado del ómnibus, presencia del chofer, cumplimiento del itinerario, ahorro o aprovechamiento óptimo del combustible, atención al viajero¼

Fórmulas o propuestas así no solo signan la mentalidad de conductores honestos y dispuestos a cooperar. También directivos y demás trabajadores se animan con alternativas que muy poco o nada costarían y mucho pueden aportar, tales como destinar teléfonos y darlos a conocer bien para que la población comunique su preocupación, y libretas con igual propósito a bordo de los propios ómnibus...

La "guerra", en fin, debe ser así: multilateral, de inteligencia, persuasión, conciencia, rigor, control, exigencia y medidas. Avisada a tiempo, no tiene por qué "matar soldados" excepto a aquellos que no muevan ni un intermitente para enderezar su torcido rumbo y sigan creyéndose erróneamente por encima de ese humilde pueblo del cual proceden o de esta Revolución a la que tanto deben agradecer.

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