
Fue en julio de l929 cuando lanzó su primer llanto y, luego de dedicarse durante casi toda su vida al cultivo de hortalizas, un buen día apostó por la diversidad agropecuaria para suerte de los camagüeyanos.
Los cebúes bermejos de la finca “Villa Carlota” (una pequeña extensión de apenas 30 hectáreas muy cerca de la capital provincial) han sentado pautas de elevada calidad genética, a partir de su primera presentación en ferias nacionales, en el año 2002.

Otra prioridad de los kaida es la ceba de toros, para lo cual utilizan la caña y el king grass como alimentos principales en los meses de sequía. En total son l7 los animales que pastan en las áreas de “Villa Carlota”, donde en unos seis meses alcanzarán un peso promedio de mil libras.
Los frutales también forman parte de los planes de entrega al estado, y a pesar del embate de los huracanes de los últimos meses del 2008, las plantaciones de mango se recuperan, con una prometedora floración, de la misma forma que se reanima el rebaño de ovinos, a partir de la introducción de un semental rojo cerezo de alto potencial genético.
Y en cada tarea se evidencia la obra de una familia consolidada con el trabajo, ese precioso legado de padres a hijos, y de éstos a los nietos, el menor de los cuales, aunque estudia, aporta su grano de arena los fines de semana.
Una pincelada de esa laboriosidad y perseverancia de los hijos del Japón, importada hasta el Camagüey desde la isla de Hiroshima, para bien de este pueblo que acogió a los Kaida como a hijos pródigos.
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