
Mientras en muchas partes del mundo, las noticias dan cuenta del maltrato a que son sometidos los niños de la calle, en esta pequeña isla, los infantes muestran felicidad porque para ellos es derecho conquistado lo que para otros es sueño, quimera.
Y cada mañana de camino a la escuela es una fiesta, fiesta de uniformes multicolores, de seguridad de que llegarán al aula y encontrarán a sus maestros que responden por la enseñanza obligatoria y gratuita; para dar respuesta a todas las necesidades de aprendizaje por muy especiales que sean. Quizás no lo tengan bien claras números y análisis económicos, pero saben que no se escatiman recursos, esfuerzos o estrategias para conseguir el propósito de una niñez bien preparada.
Hay que ver la cara de los niños cuando enferman y hay que acudir al médico; ni ellos ni sus padres deben preocuparse por cuánto costará la consulta, pues en los
Hospitales Pediátricos que se multiplican en todas las provincias e incluso en no pocos municipios encuentran profesionales dispuestos a darlo todo por el pronto restablecimiento.
Este primero de junio hay sobradas razones para un amanecer de felicidad y risas contagiosas.
Compartamos con los pequeños esa felicidad que es también nuestra, vivamos con ellos la tranquilidad del porvenir asegurado y cantemos por qué no: este es un amanecer feliz y sonreímos a la vida porque sí.
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