En los hogares, las escuelas, en las calles se nota el ir y venir, el retozo de los pequeñines que se sienten hoy más animados y confiados que nunca, porque saben que sus padres, familiares, amigos mayores y los hombres y mujeres de esta sociedad, tienen una responsabilidad inmensa, la de cuidar, formar y envolver de felicidad a nuestros niños.
Es alentador verlos declamando una poesía, representando una obra de teatro, danzando disímiles géneros musicales o interpretando una bella canción. Siempre, con la ingenuidad infantil de que tan emotivos momentos no fenezcan y se aleje el tiempo que los haga regresar a las cotidianas responsabilidades hogareñas y escolares.
Entonces, juguemos con ellos, llenémoslos de fantasía, démosles riendas sueltas a sus impulsos infantiles, pero siempre enriqueciendo su imaginación, llevados de nuestras manos, de nuestros sabios consejos, de nuestra imprescindible conducción, porque como dijera el Maestro, el eterno José Martí: ¡ Nada hay más importante que un niño!.
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