
"Ninguna de las crisis anteriores provocó una caída tan prolongada y tan profunda del consumo", constata el periódico.
Las primeras repercusiones de la crisis bancaria se sintieron en los créditos para la compra de viviendas, coches y muebles. Por vez primera, el consumo de bienes duraderos dejó de incrementarse y bajó el pasado año en un 12,6%.
Los estadounidenses se aprietan el cinturón reduciendo los gastos en alimentación y ropa, tendencia que se acentuó en el periodo de abril-junio e incluso más de un tercio ha decidido suspender sus vacaciones ante la situación económica y la amenaza de perder el empleo. El sector servicios es el único que sigue adelante en medio de la recesión y algunos expertos ya admiten que no será EE.UU. el futuro punto de crecimiento del consumo, visto por muchos como motor de la economía.
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