
Estatuas, lienzos, fotos , eternizan tu figura de excelso patriota, fiel amante, joven impetuoso, de cubano digno.
En ellas, Ignacio, se percibe tu mirada clara, tu rostro apacible y a la vez desafiante, tu brillante pensamiento…ese que guió tus pasos insurrectos hasta el mismo momento de la muerte.
Al mirarlas nos invaden la grandeza de tus ideas y las convicciones rectoras de tu actitud libertaria. Entonces sentimos por siempre el orgullo de ser agramontinos y comprendemos el por qué sucesivas generaciones no dejan de admirarte.
El alma de beso del diamante que fuiste germinó entre quienes en lo duro del combate y la manigua te acompañaron hasta el último momento y con tu ejemplo siguieron las contiendas necesarias.
Temerario y consciente enfrentaste al enemigo que aquel once de mayo, ciento treinta y seis años atrás, fracasó creyendo que el ultraje a tu cadáver y el mito de su desaparición borrarían virtudes, pasiones, patriotismo.
Por eso, Ignacio, las estatuas, lienzos y fotos no son un frío recuerdo de tu extraordinaria figura. En ellas vives y lo harás por siempre entre quienes heredamos tu vergüenza y gallardía.
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